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Cristo de la caída
Francisco Laso
Tacna, Perú, 1823 - San Mateo, Lima, Perú, 1869.
Por Natalia Majluf y Naomi Miranda

Francisco Laso fue uno de los artistas más destacados de la primera generación de pintores republicanos formados profesionalmente en las academias europeas. No solo contribuyó a renovar la pintura local, sino también buscó crear una imagen del país a través de la exploración de  temas de carácter nacional. Sería el primer artista peruano en convertir al indígena en protagonista de la pintura, por lo que es considerado precursor del indigenismo moderno. Su Habitante de las cordilleras del Perú, presentado en la Exposición Universal de París, en 1855, es una de sus obras emblemáticas y marca el ingreso de la pintura peruana a la escena artística internacional.  

Nacido el 8 de mayo de 1823 en Tacna, era hijo de Benito Laso, abogado y político que apoyó decididamente la campaña independentista y que más tarde ocuparía altos cargos en los primeros gobiernos republicanos. Su madre, Juana Manuela de los Ríos, provenía de una familia de terratenientes puneños. La infancia de Laso transcurrió entre distintas ciudades del sur andino, como Puno, Arequipa e incluso La Paz, en Bolivia. Tras el fallecimiento de su madre, la familia se estableció finalmente en Lima hacia 1836. en donde ingresa a estudiar en las clases que el quiteño Francisco Javier Cortés dictaba en la Escuela de Dibujo que operaba en la Biblioteca Nacional. Tras la muerte de Cortés en 1838, la escuela pasaría a ser dirigida por el joven Ignacio Merino, pintor peruano que acababa de llegar de París. 

Al igual que otros artistas procedentes de las clases sociales más altas, Laso decidió desarrollar su carrera tomando distancia de la formación local, todavía anclada en las tradiciones coloniales. Así, en 1843, emprende su primer viaje a Europa, estableciéndose en París, donde ingresó inicialmente al taller de Paul Delaroche y luego al del pintor suizo Charles Gleyre, quien otorgaba particular atención al paisaje y a la temática bíblica y quien fomentaba la creación de composiciones originales basadas en detallados estudios preparatorios. Recorrió luego España e Italia para estudiar la obra de los principales pintores de la tradición europea. 

Tras regresar a Lima en 1849, el pintor sería nombrado subdirector de la antigua Escuela de Dibujo y, tras la partida a Europa de Ignacio Merino, asumiría la dirección. Mientras consolidaba su carrera artística, Laso se integró a los círculos liberales de estudiantes del Convictorio de San Carlos. Compartía con ellos el interés por la política, por la literatura y por la pintura como práctica intelectual. Hacia 1850 obtuvo un primer encargo importante, que consistió en pintar el telón de boca del teatro de Variedades. Durante ese mismo período realizó retratos de amistades como los hermanos Arcos y Federico Errázuriz, exilados chilenos en Lima, y de figuras políticas como Bartolomé Herrera.

Laso volvería a Europa a inicios de 1852 con una beca del gobierno. Establecido en París, se vincularía con una joven generación de intelectuales peruanos que entonces estudiaban en Europa. En ese contexto, publicaría su Aguinaldo para las señoras del Perú (1854), un folleto aparecido en enero de 1854, que contenía una aguda crítica a la sociedad peruana, sobre todo a la educación impartida a los jóvenes. Tras ser publicado en Lima poco después, el texto generaría un amplio debate. 

La carrera del pintor tendría un primer momento consagratorio al participar en la Exposición Universal de París en 1855. Expuso allí dos cuadros: Gonzalo Pizarro (1855) y El habitante de las cordilleras del Perú (1855), una imagen pionera del indigenismo en pintura (Majluf 2022). La obra se define como una alegoría de la opresión al mostrar la figura aislada de un indígena vestido con poncho negro sosteniendo en sus manos una botella moche que representa a un prisionero. El cuadro fue elogiosamente comentado por la crítica especializada y reproducido en la prensa francesa. Ese mismo año, Laso realizó un breve viaje a Bélgica y a su regreso a Francia pintaba su composición alegórica La Justicia (1855).

Esa segunda estadía europea concluyó en 1856, cuando se cancela el apoyo que el gobierno otorgaba a distintos becarios en Europa, incluyendo a Laso. Se iniciaba así uno de los períodos más creativos en la carrera artística de Laso. En noviembre de 1856 ya estaba en Lima con un proyecto de creación de una escuela de bellas artes, que finalmente no se concretó. Al año siguiente se encontraba en Arequipa cumpliendo un encargo del obispado de la ciudad para pintar varios cuadros de tema religioso, de los cuales solo entregó una serie dedicada a los evangelistas (1859), conformada por cuatro cuadros de gran formato.

En 1858 Laso contrajo matrimonio con Manuela Henríquez, a quien retratará repetidas veces y quien le serviría de modelo para varias composiciones. Al siguiente año, cuatro importantes cuadros suyos se exponían en las vitrinas de la tienda del litógrafo Emilio Prugue: La Lavandera, Las tres razas, Santa Rosa y El concierto. En paralelo, integraba el comité editorial de la recién fundada Revista de Lima, de la que fue colaborador hasta 1863. Participó también en las exposiciones nacionales organizadas en 1860 y 1861 por el pintor Leonardo Barbieri.

Hacia 1863 emprenderá su tercer y último viaje a Europa, que lo conduce a Roma y a París, donde permaneció varios meses. De regreso a Lima, al año siguiente pinta la Unión Americana (1863), una ambiciosa composición que adornaba la sala de sesiones del Congreso Americano reunido en Lima en el contexto de la defensa de la autonomía política americana. Sería también una de sus últimas composiciones conocidas, pues iría abandonando progresivamente su carrera como pintor para dedicarse a la política. 

En 1866 serviría como regidor de la Municipalidad de Lima, en donde impulsó obras y reformas sociales y urbanas, entre las cuales destaca la reconstrucción de la iglesia de San Marcelo y la destrucción de las murallas que rodeaban la ciudad para abrir paso al primer proyecto dirigido de expansión más allás del núcleo colonial. Como bombero voluntario, tendría una activa participación en la guerra contra España, actuando en el Combate del 2 de Mayo de 1866. Su vida política alcanzará un momento culminante en 1867, cuando integra el congreso constitucional como representante de Lima. Su discurso en contra de los derechos adquiridos generó un intenso debate. Tras la caída del gobierno de Mariano Prado, el artista empezó a colaborar con la Beneficencia de Lima. A inicios de 1869 la salud de Laso decaerá notablemente, obligándolo a viajar en busca de un mejor clima. Por entonces publicaba semanalmente su columna “Bazar Semanal” para el periódico El Nacional. En mayo de 1869, Laso emprendía un viaje hacia la sierra del país, a causa de su enfermedad, y falleció en el pueblo de San Mateo el día 14 del mismo mes.

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