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Por largo tiempo, e incluso hasta hoy, las mujeres tapadas de Lima definieron la imagen de la ciudad y de la cultura criolla. No siempre fue así. Es solo a inicios del siglo XIX que el traje –hasta entonces usado también en otras ciudades del país– se identifica exclusivamente con Lima y se empieza a multiplicar a través de grabados y acuarelas, convirtiéndose en el eje de esa imagen de una ciudad femenina y afeminada que dominó hasta inicios del siglo XIX.

Las tapadas de Lima

Por largo tiempo, e incluso hasta hoy, las mujeres tapadas de Lima definieron la imagen de la ciudad y de la cultura criolla. No siempre fue así. Es solo a inicios del siglo XIX que el traje –hasta entonces usado también en otras ciudades del país– se identifica exclusivamente con Lima y se empieza a multiplicar a través de grabados y acuarelas, convirtiéndose en el eje de esa imagen de una ciudad femenina y afeminada que dominó hasta inicios del siglo XIX.

Por Natalia Majluf
Se dice que el uso de taparse el rostro dejando solo un ojo visible tendría su origen en la España del siglo XV, cuando se prohibió a las mujeres moras cubrirse el rostro, obligándolas a cambiar el velo por el mantón castellano. Para evadir esas disposiciones, las mujeres musulmanas habrían pasado a utilizar el chal para taparse, dejando un solo ojo al descubierto. La moda se habría extendido luego a América.
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En la medida en que les permitía caminar por las calles sin compañía y sin ser reconocidas, el velo les dio a las mujeres una libertad insospechada, permitiéndoles eludir las rígidas estructuras patriarcales que mantenían un estricto control sobre sus vidas. Durante su visita a Lima en 1834, la célebre escritora y precursora del socialismo y del feminismo, Flora Tristán, evocaba así el poder y la libertad que el traje le otorgaba a las mujeres limeñas:
“Creo que se necesitan pocos esfuerzos de imaginación para comprender las consecuencias que resultan de un estado de disfraz continuo, consagrado por el tiempo y la costumbre y sancionado o al menos tolerado por las leyes. Una limeña desayuna por la mañana con su marido con un pequeño peinado a la francesa, con los cabellos levantados absolutamente como nuestras señoras de París. Si tiene deseo de salir se pone en saya sin corset (la faja interior que oprime la saya es suficiente), deja caer sus cabellos, se tapa, es decir, esconde la cara con el manto y va donde quiere. Encuentra a su marido en la calle y él no la reconoce, lo intriga con su mirada, le hace gestos, lo provoca con frases, entra en gran conversación, se deja ofrecer helados, frutas, bizcochos, le da una cita, lo deja y enseguida entabla otro diálogo con un oficial que pasa. Puede llevar tan lejos como quiera esta nueva aventura, sin quitarse jamás su manto.”
La libertad de las tapadas se interpretó también como libertinaje. Emerge así la imagen contradictoria de Lima como una ciudad religiosa, tradicional y jerárquica, pero a la vez marcada por el erotismo más permisivo, la absoluta despreocupación y los excesos. Esto explica que sea frecuente encontrar imágenes de tapadas siendo cortejadas en las calles, como esta temprana acuarela, probablemente pintada por el pintor quiteño Francisco Javier Cortés, una escena que se evoca en una fotografía más tardía del estudio de José Negretti.
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También se encuentran imágenes de tapadas en poses que entonces se consideraban indecorosas en una mujer, como esta fotografía en que figura una tapada mostrando un pie.
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Concebida como una mujer blanca y de alta posición social, la tapada es además una figura fuertemente racializada. La misteriosa mujer criolla se convirtió así en el emblema de una élite aristocrática que ejercía su dominio sobre una ciudad de castas. El contraste con los colores de la plebe se expresa en diversas narraciones de la época que aluden al temor de no saber a ciencia cierta quién se oculta tras el velo. Diversos viajeros narran historias sobre el engaño de mujeres de color que usaban el velo para cortejar a hombres de alta posición social. La idea de que el velo servía para engañar explica que la imagen de la tapada se haya asociado también a las intrigas políticas, y haya sido usada para componer caricaturas, como esta imagen del artista Manuel María del Mazo de mediados de la década de 1850, que muestra a los expresidentes Manuel Ignacio de Vivanco y José Rufino Echenique disfrazados de tapadas, en alusión a sus conspiraciones para derrocar al gobierno de Ramón Castilla.
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Para mediados del siglo XIX, la expansión de las modas francesas convirtió al traje de la tapada en una reliquia del pasado. El traje iría desapareciendo gradualmente del uso cotidiano, para sobrevivir solo como disfraz usado por mujeres de clase alta en ocasiones especiales, como esta tarjeta de visita de Leandra Raygada vestida de tapada, que reta al espectador a adivinar su identidad.
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La tapada continuaría definiendo por largo tiempo la imagen nostálgica de una Lima que ya había dejado de existir. Aparece frecuentemente en las pinturas de Teófilo Castillo de inicios del siglo XX, composiciones que buscan evocar un pasado idealizado y que dieron nueva vida a la imagen colonial de Lima a través de las revistas ilustradas de gran circulación.
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La tapada quedó fijada así en la cultura visual como verdadero símbolo de la capital, y como encarnación de las ideas y valores de una cultura criolla que iría desapareciendo pero que permanece activa hasta el presente en el imaginario colectivo.
Fuentes:

Bass, Laura R., y Amanda Wunder. 2009. “The Veiled Ladies of the Early Modern Spanish World: Seduction and Scandal in Seville, Madrid, and Lima”. Hispanic Review 77, n. 1 (invierno de 2009): 97-144.

Majluf, Natalia. 2022. La invención del indio. Francisco Laso y la imagen del Perú moderno. Lima: Instituto Francés de Estudios Andinos. 

Del Águila, Alicia. 2003. Los velos y las pieles. Cuerpos, género y reordenamiento social en el Perú republicano (Lima, 1822–1872). Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

Velázquez Castro, Marcel. La mirada de los gallinazos. Cuerpo, fiesta y mercancía en el imaginario sobre Lima (1640-1895). Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2013.

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Ugarte Eléspuru, Juan Manuel. 1983. Adefesios: la caricatura política en el Perú en el siglo XIX. Lima: Banco Industrial del Perú. 

Majluf, Natalia, ed. 2016La creación del costumbrismo. Las acuarelas de la donación Juan Carlos Verme. Lima: Museo de Arte de Lima. 

Poole, Deborah. 2000. Visión, raza y modernidad: una economía visual del mundo andino de imágenes. Lima: Sur, Casa de Estudios del Socialismo y Consejería en Proyectos.

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