La única pista para descubrir el engaño está en la huella que sus pasos dejan sobre las tierras amazónicas. La derecha siempre es un pie humano y la izquierda una pata de tigre, de venado, de sajino o hasta de motelo. En los mitos regionales, actúa como protector del bosque y puede premiar o castigar a quienes encuentra en los senderos. El chullachaqui es casi como un humano, pero también distinto, desigual2. Si te premia con su amistad, te regala caza en abundancia3. Quienes han sido engañados y raptados por él ya no son nunca más los mismos: son hallados en un trance hipnótico, incapaces de reconocer dónde están4. Su presencia transforma a las personas, que regresan de estos encuentros confundidas, trastocadas, como si hubieran atravesado un trance entre dos mundos.

INO MOXO Y CHULLACHAQUI
Francesco Mariotti se acercó a esta figura gracias a su profunda amistad con el escritor César Calvo Soriano —su ayúmpari querido, su hermano—, autor de Las tres mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía (1981). El vínculo entre los ayúmpari es narrado por el escritor peruano, desde los saberes asháninkas, como una relación fundamental que se sostiene entre varios de sus personajes y que atraviesa territorios y tiempos. Vínculos con la misma naturalidad que tiene una acción como respirar; son intercambios a partir de los que no solo se da vida a otros, sino que se devuelve a uno mismo5. Son relaciones que establecen redes espirituales y materiales que conectan personajes, territorios y tiempos. Allí, el chullachaqui es descrito como una presencia que “ya no es una persona”, es una apariencia que puede engañar o regalar vida, dueño de los mundos y de los tiempos6.
Inspirado por esa narrativa, Mariotti creó una serie de pirograbados en 1981, cuyo proceso de creación describe de la siguiente manera: «El chullachaqui se apareció en algún momento, se metió en mi mente y empezó a darme instrucciones»7, guiándolo en una experiencia intensa y casi visionaria. El chullachaqui de Pancho está dividido en tres mitades: ojos, manos y pies. Cada uno de estos niveles en sus despliegues duales conforman una entidad. La mirada, el tacto y la presencia sobre la tierra resumidos en círculos y formas geométricas. En el nivel inferior aparece la figura del engañador, reconocible por su pie distinto.
La novela de Calvo se organiza bajo la premisa de un intercambio de saberes a través del aire, pensamientos que, aun sin ser escritos, existen y se comparten en la atmósfera. Esas «ideas que habitan el aire» sustentan la vida de los humanos: «cómo ánimas nos nutren, nos dan aliento»8 y se transmiten y existen antes de ser escritas. Así, desde los escritos de César, se proyecta la posibilidad de reflexiones que se registran y comparten, y que se propagan entre tiempos y mundos, como el chullachaqui de Mariotti, que del grabado pasó a la inteligencia artificial y posteriormente a dar voz a ranas, monos y guacamayos.
El protagonista de Las tres mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía habita varios cuerpos y asume múltiples identidades, como el chullachaqui. En diferentes escenas, expone su certeza de poseer dos cuerpos, de verlos frente a él mientras convive con sabios, artistas y brujos de diferentes épocas. Son César Calvo y César Soriano en quienes se reconoce, que son él mismo, pero luego son otros: uno, pero con otras facciones. Este César es múltiple como el chullachaqui y traspasa con soltura los bosques de muchos tiempos y espacios. «¿Habrá sido César un chullachaqui?»9, se pregunta Mariotti mientras conversamos. Al chullachaqui bueno nunca lo distingue nadie. ¿Será Mariotti también un chullachaqui?
INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y CHULLACHAQUI
Para Mariotti, la inteligencia artificial y el chullachaqui son una y la misma cosa10, ambos simulan lo humano y crean apariencias que engañan. Por eso, en 1985 nombró Chullachaqui 5 / Inteligencia artificial al programa que dio “vida” y pensamiento a sus esculturas. Desarrollado por Manolo Rodríguez, Chullachaqui 511, fue «programado en BASIC 2.0 en una Commodore C64». La configuración de las instalaciones de Mariotti de esa época incluía «además de la computadora, una unidad de disco floppy de 5¼ para la lectura del programa (el clásico modelo 1541 de Commodore) y una impresora «dot-matrix» (modelo MPS 803) que permitía al público llevarse una hoja impresa con los textos procesados»12 la poesía aleatoria creación del espíritu del chullachaqui. Mariotti nombró como Chullachaqui 5 / Inteligencia artificial a este programa porque entendía al personaje mítico como un ser de apariencias que engaña procurando ser como un humano. Esa capacidad del chullachaqui de simular y seducir, haciendo imposible identificar lo que se piensa como real, fue también reconocida en la naturaleza de esta inteligencia artificial. El chullachaqui, entendido como un ser que imita al humano sin serlo, le permitió reflexionar sobre las posibilidades de que otros cuerpos —máquinas u objetos— simulen inteligencia.
Sus inquietudes sobre tecnologías conscientes se habían iniciado desde fines de los años sesenta y se fortalecieron durante su participación en el VideoArt Festival Locarno, un espacio donde entró en contacto con debates sobre arte, filosofía cuántica y las primeras teorías de inteligencia artificial. Allí integró estas ideas en sus esculturas, que buscaban hacer “hablar” a las computadoras y revelar una inteligencia hecha de memoria, azar y transformación. En 1984 creó la escultura Chullachaqui / Inteligencia artificial en una edición múltiple. La entidad aparece aquí con una estructura de alambre y un cuerpo de esponja sobre el que se interconectan módulos solares que alimentan un reloj digital. Con esta pieza, Mariotti se pregunta si puede entenderse el dispositivo del reloj como una forma de inteligencia artificial, y lo modela para evocar lo esencial del chullachaqui: aquello que queda fuera de su aspiración de parecer humano. La obra indaga en lo sustancial de ambas entidades, que, desde su perspectiva, están unidas por un vínculo indisoluble: inteligencia y apariencia.
Con Chullachaqui 5 desarrolló obras en las que animales del bosque amazónico “pensaban” y “hablaban”. La más destacada es la Rana (1987), hoy en la colección del MALI, que reorganiza versos en un poema interminable. Entre ellos se encuentra la interrogante: «Parlo dunque sono?» («¿Hablo, entonces existo?»). Al descomponer esta oración, la rana presenta preguntas a partir del enfoque sugerido por cada una de estas palabras, así como de su repetición, llevando el cuestionamiento hacia la posibilidad de existencia de un ser pensante que se expresa artificial y chullachaqui. La inteligencia artificial del chullachaqui que nutre a esta Rana le permite expresar ideas para la comprensión humana, recuperando la tradición amazónica del diálogo entre humanos, espíritus y naturaleza.

En Poesía simultánea para una rana, un mono y un papagayo (1988), las síntesis geométricas de los volúmenes de los cuerpos de estos animales se presentan en las esculturas que, como un coro, recitan frases con reflexiones sobre lo que estos seres pueden ver, decir o querer, y sobre los lugares que ellos habitan: el cielo, los árboles y el agua. Frases iniciales en inglés y español —«Cómo un loro / in the sky / with color [...]», «Como una rana / in the water / all what I say [...]», «Como un mono / on tree / to say something [...]»— se despliegan al infinito en nuevas combinaciones. Estas afirmaciones son presentadas en un grupo de pantallas y recitadas por la inteligencia artificial. Mariotti identifica en este grupo de animales y sus poemas la interrelación entre espacios diversos del ecosistema amazónico: la rana del agua a la tierra, el mono entre la tierra y el aire en las copas de los árboles, y el papagayo de los árboles hacia el aire al levantar vuelo. Estos poemas en posible despliegue infinito interconectan los espacios habitados por estos seres que se nutren del mito y viven en las formas geométricas. La presencia de los espectadores activa los monitores que permiten mirar hacia el interior del cerebro y corazón de estos seres, el lugar donde se concreta la apariencia y se reconfiguran las frases. Chullachaqui 5, al simular esta inteligencia, transforma el pensamiento e interviene en el devenir de las ideas que habitan el aire.
Su obra más ambiciosa de esta etapa es el Gran Guacamayo Precolombino (1992), que combinó doce lenguas vivas americanas y prehispánicas. Las frases «Palabra hablada (grabada) / en el aire / memoria del tiempo / pulsación sonora / imborrable» fueron pronunciadas en náhuatl, aimara, maya, quechua y guaraní. La afirmación «No entiendo tu lengua» fue expresada en tacana, cavineña, maropa, baure, paunaca y matsigenka. En las frases seleccionadas se condensa la imposibilidad de entenderse y, al mismo tiempo, la fe en que desde la palabra hablada se convocan las fuerzas de las «ideas que habitan el aire». Esta pieza, ganadora del Premio Cittá di Locarno en el XIII VideoArt Festival Locarno, de tres metros y medio de altura, fue llevada a cabo en el contexto del quinto centenario del supuesto «descubrimiento» y de los inicios de la colonización de América. El chullachaqui construye aquí una simulación mucho más compleja: desde la forma del papagayo asume múltiples voces, como si intentara convocar las intrincadas redes de pensamiento que guardan la memoria de estas lenguas y despiertan la vida de otras épocas contenida en estas inteligencias.
En resumen, el chullachaqui y la inteligencia artificial, uno y la misma cosa en las obras de Mariotti, le han permitido indagar desde las propuestas de sus instalaciones en los vínculos entre el mito y los pensamientos, entre los saberes diversos, la inteligencia de la naturaleza y la tecnología. Dos entidades que se proponen en sus obras ser cada vez más humanas, para recuperar para todos, y frente a todos, la capacidad de ver que en el devenir de estos fluidos intercambios se encuentran las interrelaciones, los nexos inquebrantables, que constituyen las realidades de todos los tiempos y todos los mundos.
1 Pecarí de labios blancos o chancho de monte.
2 Miuler Vásquez González, «Orígenes del chullachaqui», en Antología de la narrativa amazónica. Autores contemporáneos (San Martín: Trazos Consultores Editores, 2014), 15.
3 Velásquez, «El chullachaqui o duende del bosque y la cosmovisión forestal del poblador amazónico», 48.
4 Vásquez, «Orígenes del chullachaqui», 52.
5 César Calvo Soriano, Las tres mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía (Lima: Editorial Planeta, Seix Barral, 2024 [1981]), 361.
6 Calvo, Las tres mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía, 47.
7 Francesco Mariotti, «Inteligencia artificial», video publicado el 10 de febrero de 2021 en el canal de YouTube del autor: Francesco Mariotti @biotekno. https://youtu.be/XWPvEl_oRMA?si=loKWBa4UQoajrs2L
8 Calvo, Las tres mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía, 153.
9 Comunicación personal, 23 de junio de 2025.
10 Mariotti, «Inteligencia artificial».
11 Manuel Rodríguez, chileno que en los años ochenta vivió y trabajó en Lugano (Suiza). En 1985, programa el software Chullachaqui 05 / Inteligencia artificial para las esculturas e instalaciones de Francesco Mariotti.
12 José-Carlos Mariátegui y Francesco Mariotti, «Electro poet rivelazionaria: el rescate de las poesías computacionales de Gianni Toti», Kepes 4, nro. 3 (2007): 144.
