En uno de sus ensayos más conocidos, el pintor Francisco Laso se refería a la diversidad racial del Perú comparándola con “una paleta ricamente adornada con abundantes colores y variadísimos tonos”, preguntándose si podía “haber armonía entre tanto color”. Esta interrogante evidencia su interés por la complejidad étnica del país y por las situaciones de desigualdad en que ella se desarrollaba. De hecho, Laso fue el único artista de su generación que intentó conciliar la formación europea con una temática de carácter definidamente nacional. Así, emprendió dos viajes a la sierra sur del Perú, donde tomó numerosos apuntes que le servirían de base para sus principales composiciones. Se aproximó además al costumbrismo criollista limeño, dotándolo de un decoro clásico propio de los grandes géneros académicos. Su obra más importante en este campo es Las tres razas o La igualdad ante la ley, que contiene un agudo e irónico comentario sobre el ideal igualitario del sistema republicano. La escena muestra el juego de cartas de tres niños –indígena, mulata y blanco–, cuya relación jerárquica, sugerida por la vestimenta, es compensada por el aire de dignidad que asumen las niñas. El lienzo contiene una velada carga autobiográfica, en la imagen del rosario pendiente del cuello de la niña indígena. Se trata de una alusión a la historia de Manuquita, una pequeña criada de la casa familiar de Laso, quien la evocó en uno de sus escritos.