La Santísima Trinidad es un dogma católico que define la naturaleza de Dios como un ser indivisible, pero también compuesto por tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Este concepto tan complejo se explicó a partir de distintas formas, una de las cuales fue mostrar a las tres personas como figuras completamente iguales.
Varios pintores coloniales representaron el dogma católico de la Trinidad bajo la imagen de una sola figura con un rostro triple o tres rostros fusionados, los cuales suman cuatro ojos, tres narices y tres bocas.
Llamada “Trinidad Trifacial”, esta invención de origen medieval seguía vigente en América mientras era cuestionada y prohibida en Europa, donde apenas circulaba en estampas didácticas. Las autoridades eclesiásticas buscaban impedir su representación, pues temían que los creyentes tomasen la imagen de manera literal y concibieran a Dios como una criatura monstruosa. Sin embargo, en el contexto virreinal, primaba el sentido didáctico de la pintura. Al ser considerada un recurso eficaz para plasmar este misterio teológico, esta iconografía alcanzó una nueva vigencia.